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La diseñadora de vestuario Sandy Powell se gana a Hollywood con sus diseños

Unos días después de la celebración de los premios de la academia cinematográfica, los Oscars, escribo sobre la que para mí debería ser una ganadora rotunda: Sandy Powell. 

Normalmente las categorías técnicas son las más olvidadas en los certámenes de premios. Vestuario, maquillaje y peluquería son tan importantes para una producción como lo es la foto o el montaje. Sin estos departamentos el producto quedaría vacío, sin chispa, sin vida. Por ello, en esta semana de resaca post-Oscars me gustaría resaltar la figura de Sandy Powell, una de las mejores figurinistas de la historia del cine reciente.

Con tres Oscars y dos BAFTAS en su haber, no hay película de los últimos veinte años de prestigio que no lleve la firma Sandy Powell. La célebre británica ha sido la responsable de la confección de trajes majestuosos como el que pudimos ver sobre una novata Emily Blunt en ‘La Joven Victoria’ (Jean-Marc Vallée, 2009) o de auténticas piezas de arte como en ‘Shakespeare Enamorado’ (John Madden).

Su ingenio no tiene límites. Recordemos la recreación del vestuario de la grandísima Katherine Hepburn en ‘El avidador’ (Martin Scorsese, 2004). O traspasar la imaginación de la escritora Anne Rice a la pantalla como pudimos ver en ‘Entrevista con el Vampiro’ (Neil Jordan, 1994). Lo cierto es que el sello Sandy Powell está en la mayoría de las cintas de más éxito desde los noventa hasta nuestros días.

Si la Academia la olvida, nosotros hemos de recordarla. Capaz de trabajar en varios proyectos simultáneamente, estos últimos meses ha estado yendo y viniendo desde los años 30 del siglo pasado al siglo XVIII con una única parada: su pequeño Atelier en los estudios Shepperton, en Surrey. De ‘La Favorita’ (Yorgos Lanthimos) al ‘El regreso de Mary Poppins’ (Rob Marshall).

Dos nominaciones en unos premios reñidos

Era la favorita, pero se quedó a medio camino. Con 10 nominaciones, ha sido en la categoría de Mejor Actriz, la única estatuilla que el largometraje de Yorgos Lanthimos se ha llevado a casa. Olivia Colleman se estrena en Hollywood a lo grande protagonizando un filme dramático donde el sarcasmo y lo escatológico no ensombrecen la elegancia de un equipo técnico sobresaliente. Sandy Powell diseña un vestuario anacrónico e hipnótico que le ha valido que esté, no una sino dos veces, nominada a los Oscar en la categoría de diseño. 

Otro título que confirma su talento es el ‘El regreso de Mary Poppins‘; la gran vuelta a sus orígenes de la factoría Disney.  Con un despliegue en los medios usual en la casa ‘El regreso de Mary Poppins’ se estrenaba en diciembre como la película navideña para la familia. A pesar de no haber convencido a la crítica y de la irregularidad de alguno de sus números musicales, podemos confirmar que es la culminación última de Emily Blunt. La calidad de su trabajo nos confirma que estamos ante una estrella capaz de desenvolverse con soltura en el drama, la comedia y el musical. No hay maniquí mejor para los diseños de Sandy Powell que Blunt y en ‘El regreso de Mary Poppins’ nos regala un colorido vestuario que une fantasía, sueños y acuarelas, creando figurines preciosistas donde se corrobora que su imaginación, una vez más, no tiene límites.